Una pieza habitual
El folleto sigue siendo una de las piezas más habituales en muchas empresas. Comercial, informativo o corporativo, suele concentrar mucha información en poco espacio y pasar por varias manos antes de llegar a su versión final.
La mayoría de las veces, es un punto de cruce entre lo que quiere contar un equipo, lo que necesita explicar otro y lo que diseño tiene que ordenar para que todo sea legible y coherente.
Todo eso acaba encontrándose en la maquetación del folleto, un punto clave para EVA.
Con la maqueta ya empezada
Cuando se maqueta un folleto, casi nunca se parte de cero. El contenido suele venir bastante avanzado o directamente cerrado por otro departamento. Textos comerciales, precios, condiciones, mensajes clave. En principio, todo está decidido y la maqueta solo tiene que dar forma.
Pero en cuanto el diseño empieza a coger cuerpo, empiezan las dudas:
¿Dónde pongo el logo? ¿Arriba, abajo, en el centro?
¿Qué separación mínima debe haber entre un icono y el texto que lo acompaña?
¿Puedo poner una foto que ocupe toda la página?
¿Cuál es el interlineado y el tracking recomendado para los titulares de campaña?
¿Puedo superponer texto a una imagen? ¿Qué reglas de contraste debo seguir?
La maquetación obliga a tomar decisiones visuales que también afectan a la marca. El orden, los blancos, las jerarquías y las distancias acaban diciendo algo, aunque no se hable de ello.
El problema es que muchas de esas decisiones se toman por intuición. Se rellenan huecos y se ajustan márgenes hasta que “queda bien”, porque en ese momento no hay una referencia clara que ayude a decidir mejor.
Y cuando hay mucha información que meter, el riesgo aumenta. Todo acaba compitiendo por el mismo espacio. El ojo no sabe dónde mirar primero y la marca pierde presencia sin desaparecer del todo.
Decidir sin improvisar
El punto clave no está en revisar el folleto cuando ya está terminado. Para entonces, la mayoría de decisiones importantes ya se han tomado. Está en poder resolver las dudas justo cuando aparecen, con el proyecto abierto y el contenido delante.
Cuando existe una referencia clara que responde a ese tipo de preguntas, el proceso cambia. EVA aparece ahí, en el momento de la duda concreta, para aportar ese sistema de marca aplicado al formato y al contexto real de trabajo.
Así, la maqueta deja de ser una sucesión de decisiones aisladas y se convierte en una pieza coherente con el resto. Incluso cuando hay prisa.
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